Introducción
Uno de los diálogos socráticos más luminosos atribuidos a Platón, una introducción perfecta a su filosofía en torno a un precepto inmortal: «conócete a ti mismo». Sócrates aborda al joven Alcibíades, bellísimo, ambicioso y de gran linaje, en el momento en que este se dispone a lanzarse a la vida política convencido de que está llamado a gobernar Atenas y aun a toda Grecia.
Con su habitual ironía, Sócrates le demuestra que carece por completo del saber necesario para aconsejar sobre lo justo y lo injusto: quien pretende gobernar a los demás debe primero gobernarse a sí mismo, y para ello conocerse. «¿Pero es una cosa fácil conocerse a sí mismo?», pregunta, evocando la inscripción del templo de Apolo en Delfos.
El diálogo conduce a una conclusión decisiva para todo el pensamiento occidental: el «sí mismo» que hay que conocer no es el cuerpo, sino el alma, «pues es el alma la que es preciso cuidar, debiendo ser este el único fin que nos propongamos». Solo quien cuida y conoce su alma puede llegar a ser verdaderamente sabio, virtuoso y capaz de gobernar. El «Primer Alcibíades» es una puerta de entrada clásica a Platón y una meditación imperecedera sobre el autoconocimiento como fundamento de toda vida buena.