Introducción
Uno de los relatos más conmovedores y célebres de Iván Turguéniev, un alegato desgarrador contra la esclavitud de la servidumbre rusa. En una vieja casa de Moscú vive una anciana dama, viuda, caprichosa y despótica, rodeada de un ejército de siervos. Entre ellos destaca Gerasim, el portero: un campesino sordomudo de fuerza titánica, «un hombre de doce pulgadas por encima de la estatura normal, de constitución heroica», trasplantado del campo a la ciudad contra su voluntad.
Gerasim, callado y solitario, se enamora tímidamente de la dulce lavandera Tatiana; pero la señora, por capricho, la casa con un zapatero borracho. Poco después, el gigante rescata del río a una perrita medio ahogada, la cría con ternura y la llama Mumú —el único sonido que su boca muda puede articular—. El animal se convierte en su fiel compañera y en toda su alegría.
Pero los ladridos de Mumú irritan a la caprichosa señora, que ordena deshacerse de ella. Gerasim, siervo obediente hasta el final, toma a Mumú, le da de comer por última vez y, con el corazón roto, la ahoga él mismo en el río. Luego, en un silencioso y definitivo acto de rebeldía, abandona la casa de la señora y regresa a pie a su aldea natal, donde vive el resto de sus días solo, sin volver a mirar a ninguna mujer ni tener «ni un solo perro». «Mumú» es una obra maestra sobre la dignidad, el amor mudo y la crueldad de la opresión.