Introducción
En 1886, un filósofo casi desconocido pagó de su propio bolsillo la impresión de un libro que apenas vendió unos pocos ejemplares. Se llamaba Friedrich Nietzsche, y el libro era Más allá del bien y del mal. Nadie le hizo demasiado caso entonces; hoy es una de las obras que más han sacudido el pensamiento moderno. Pocas veces el silencio de una época y la resonancia posterior de un libro han estado tan lejos el uno del otro.
Su propósito, anunciado en el subtítulo —«Preludio de una filosofía del futuro»—, era demoledor: no explicar el mundo tal como se venía haciendo, sino dinamitar los cimientos sobre los que se apoyaban la filosofía, la moral y la religión, para dejar sitio a una forma nueva de pensar. Nietzsche empuñaba, según su propia expresión, un martillo.
Su blanco principal es la moral heredada, y en especial esa distinción entre «bueno» y «malo» que damos por evidente. ¿De dónde viene?, se pregunta. ¿A quién sirve? Con una audacia inaudita, sostiene que nuestros valores no son verdades eternas, sino invenciones humanas, nacidas de la historia, del miedo y del poder, y nos invita a mirarlos de frente, a pensar «más allá» de esas etiquetas cómodas.
De este libro procede uno de los aforismos más citados de la historia: «Quien lucha con monstruos debe cuidar de no convertirse a su vez en monstruo. Y si miras largo tiempo a un abismo, el abismo también mira dentro de ti». En esa sola frase está medio Nietzsche: la advertencia de que combatir el mal puede corrompernos, y la sospecha de que asomarse demasiado a las profundidades tiene siempre un precio.
Lo que hace único a este libro es su forma. Nietzsche no argumenta como los filósofos clásicos, con demostraciones ordenadas; escribe en aforismos breves, punzantes, a veces contradictorios, que estallan como chispas. Es tanto un pensador como un artista de la prosa, y leerlo es una experiencia estética además de intelectual: brilla, hiere, incomoda.
Su influencia ha sido inmensa y también polémica. Marcó al existencialismo, al psicoanálisis, a la literatura y al arte del siglo XX; fue admirado, discutido y, sobre todo, tergiversado —sus textos llegaron a manipularse para fines que él habría repudiado con horror—. Volver a la fuente es descubrir a un pensador mucho más sutil, irónico y libre de lo que su leyenda hace temer.
No es un libro para creerle, sino para discutir con él en cada página; enseña a desconfiar de las verdades cómodas y a pensar por cuenta propia, sin dogmas. Por eso conviene leerlo despacio, unos pocos aforismos por sesión, dejándolos resonar y llevándoles la contraria.
Puedes abrirlo por cualquier página; ninguna te dejará indiferente. Lo que encontrarás no es un sistema que memorizar, sino una voz que te interpela, te provoca y te reta a defender aquello en lo que crees. Nietzsche no quería seguidores: quería, exactamente, un lector dispuesto a discutir. Ese eres tú.