Introducción
Hay novelas que son como una canción triste que no se olvida. María, de Jorge Isaacs, es una de ellas: la gran novela de amor del romanticismo hispanoamericano, el libro que hizo llorar a generaciones enteras de lectores en toda América Latina y que, más de siglo y medio después, sigue conmoviendo por su delicadeza, su melancolía y su belleza inolvidable.
La historia la cuenta Efraín, ya adulto, recordando el gran amor de su juventud. Siendo casi un niño, había sido enviado a estudiar lejos, a Bogotá; cuando regresa a la hacienda de su familia, en el luminoso valle del Cauca, encuentra a María transformada. La prima huérfana con la que se crió, y que vive acogida por sus padres, se ha convertido en una joven de belleza serena y dulzura conmovedora. Y entre los dos, casi sin palabras, renace y florece un amor purísimo, tímido y absoluto, hecho de miradas, de flores cambiadas, de paseos por el huerto y de emociones apenas confesadas.
Ese amor transcurre en un escenario que es uno de los grandes protagonistas del libro: la naturaleza exuberante del Cauca, con sus ríos, sus montañas, sus pájaros y sus atardeceres. Isaacs describe ese paisaje con una sensibilidad exquisita, y lo funde de tal modo con los sentimientos de los enamorados que el campo, la casa, las rosas y el rumor del agua parecen latir al ritmo de sus corazones. Pocas veces se han unido con tanta armonía el amor y la tierra.
Pero desde el principio, una sombra amenaza esa felicidad. María padece la misma enfermedad que se llevó a su madre, y su salud es frágil como la de una flor. Además, el padre de Efraín, por su bien, decide enviarlo a Europa a completar sus estudios. La despedida, la distancia y la espera se convierten en el corazón doloroso de la novela: los amantes separados, las cartas, el anhelo del regreso y el avance callado de la enfermedad tejen una tensión emocional que crece página a página hacia un desenlace que ha quedado grabado en la memoria sentimental de todo un continente.
Lo admirable de María es su tono. Isaacs no busca grandes efectos, sino la emoción pura y contenida: la ternura de un primer amor, la nostalgia de la infancia, el dolor de la ausencia, la conciencia de que la felicidad más perfecta es también la más frágil. Su prosa, musical y elegante, se lee casi como un poema, y su melancolía tiene la hondura de las cosas verdaderamente sentidas.
Publicada en 1867, María se convirtió de inmediato en un fenómeno: se leyó, se lloró y se recitó en toda Hispanoamérica, y fijó para siempre el modelo de la novela romántica en nuestra lengua. Leerla hoy es dejarse llevar por una de las historias de amor más puras y conmovedoras jamás escritas, y descubrir por qué, generación tras generación, sigue tocando el corazón de quien se acerca a sus páginas.