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Acerca del libro

Portada de Los miserables

Victor Hugo

Los miserables

Tras diecinueve años de presidio por robar un pan para alimentar a los hijos de su hermana, Jean Valjean sale de la cárcel convertido en un hombre endurecido y lleno de rencor, marcado por el «pasaporte amarillo» que lo condena al rechazo. Pero un gesto de misericordia inesperado —un obispo que, en lugar de denunciarlo, le regala unos candelabros de plata y le dice que ha comprado su alma para el bien— transforma su vida para siempre. Bajo una identidad nueva, Valjean se convierte en un hombre honrado y en benefactor de los humildes; sin embargo, el implacable inspector Javert, para quien la ley no admite redención, lo perseguirá durante décadas. En torno a él se cruzan la desdichada Fantine, la pequeña Cosette, el joven idealista Marius y las barricadas de la revuelta de París. Los miserables, la obra monumental de Victor Hugo, es a la vez una emocionante novela de aventuras, una vasta epopeya sobre la Francia del siglo XIX y un alegato inolvidable contra la miseria y la injusticia, atravesado por una fe inquebrantable en la bondad, la redención y la dignidad del ser humano.
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Portada de Los miserables
Los miserables
Victor Hugo

Introducción

Hay libros que son mucho más que una novela: son monumentos. Los miserables de Victor Hugo es uno de ellos. En sus páginas cabe casi todo —la miseria y la santidad, el crimen y la redención, el amor y la revolución, el fango de las cloacas y la luz de las estrellas—, y de todo ello Hugo hace una de las historias más emocionantes y conmovedoras jamás escritas, un libro que ha hecho llorar y esperar a millones de lectores en todo el mundo durante más de siglo y medio.

En el centro está Jean Valjean. Condenado a presidio por robar un pan para dar de comer a los hijos hambrientos de su hermana, sale de la cárcel diecinueve años después convertido en un hombre duro y resentido, marcado para siempre por el «pasaporte amarillo» de expresidiario que le cierra todas las puertas. Hasta que un anciano obispo, en lugar de denunciarlo por robarle, lo protege y le regala unos candelabros de plata, diciéndole que con ellos ha comprado su alma para el bien. Ese gesto de misericordia inmerecida lo cambia todo: Valjean decide hacerse otro hombre, y el resto de la novela es la larga y accidentada historia de esa alma que lucha por elevarse.

Pero su pasado no lo deja en paz. El inspector Javert, encarnación de una ley rígida e implacable que no cree en la redención, lo persigue sin tregua a lo largo de los años. Y alrededor de esa persecución Hugo despliega un mundo entero: la trágica Fantine, obligada por la miseria a vender su cabello, sus dientes y su cuerpo para mantener a su hija; la pequeña Cosette, rescatada de la explotación; el joven y ardiente Marius; la pícara Éponine; los revolucionarios que levantan las barricadas de París soñando con un mundo más justo. Todos ellos, los humildes, los vencidos, los «miserables» que dan título al libro.

Porque esta es, ante todo, una novela con una causa. Hugo escribió Los miserables como un grito contra la miseria y la injusticia social, convencido de que mientras existan la pobreza que degrada, la ley que aplasta a los débiles y la ignorancia que condena, hará falta contar historias como esta. Su compasión por los desheredados, su fe en el progreso y en la bondad del ser humano, recorren cada página y la convierten en algo más que un relato: en un acto de justicia.

Y sin embargo, nada de esto pesaría si no fuera, además, una novela apasionante. Hugo es un narrador prodigioso: sabe tender la emoción hasta hacerla insoportable, encadenar peripecias, persecuciones y golpes de efecto, dibujar personajes que quedan grabados para siempre en la memoria. Se llora y se tiembla con Valjean y Cosette, se odia y se comprende a Javert, se sueña con Marius en las barricadas. Es, a la vez, alta literatura y el más puro placer de la lectura.

Los miserables es de esos libros que acompañan toda una vida. Adaptado incontables veces al teatro, el cine y el musical, sigue conmoviendo a cada nueva generación porque habla de lo esencial: de la posibilidad de que un ser humano cambie, de la fuerza redentora de la bondad y de la dignidad inextinguible de los últimos. Un monumento a la esperanza, escrito para que nadie olvide a los que sufren.

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