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Acerca del libro

Portada de Los hombres que están de más

Antón Chéjov

Los hombres que están de más

Zaikin, funcionario agotado, viaja a la casa de veraneo donde pasan el verano su mujer y su hijo, y encuentra la casa vacía, sin comida y sin bienvenida: su mujer anda de ensayos con una compañía de aficionados. Esa noche, invadida la casa por los actores, a Zaikin y a su hijo Petia no les queda ni cama donde dormir. Un cuento agridulce de Chéjov sobre el hombre superfluo en su propio hogar.
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Portada de Los hombres que están de más
Los hombres que están de más
Antón Chéjov

Introducción

Zaikin, un modesto funcionario del Tribunal, hace el fatigoso viaje hasta la casa de campo donde veranean su mujer y su hijo. Llega hambriento y molido, y se encuentra… nada: la casa vacía, sin comida —«mamá pensó que no vendrías»—, sin más compañía que su hijo Petia de seis años, que no para de hacerle preguntas. Chéjov pinta con humor amargo el «paraíso» del veraneo pequeñoburgués: caro, incómodo y sin sentido. «El veraneo ha sido inventado por las mujeres y el diablo», resume Zaikin.

Por la noche la casa se llena: la mujer vuelve con dos actores aficionados y una amiga, y empieza la fiesta de los ensayos teatrales, las declamaciones y los dúos. Y aquí llega la humillación silenciosa: para acomodar a los invitados, van desalojando a Zaikin de su cama, luego de su gabinete, hasta que padre e hijo se quedan literalmente sin sitio. Cuando el niño le pregunta por qué, Zaikin responde con la frase que da título al cuento: «porque nosotros, tú y yo, estamos aquí de más».

Sin dramatismo, con su ironía característica, Chéjov retrata al hombre superfluo en su propia casa: el que trabaja y paga, desplazado por la frivolidad, hasta salir a vagar de madrugada buscando dónde estar. Una miniatura perfecta sobre la soledad dentro de la familia.

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Cada gran obra esconde gemas del pensamiento

Hay frases que atraviesan los siglos, revelan verdades profundas y muchas veces cambian vidas. Viven escondidas en las obras que han marcado la historia de la humanidad. Leer es minarlas: cuando encuentres una que de verdad lo sea, márcala; si es una gema, se publicará con tu nombre en la página del autor y del libro. También descubrirás las gemas que ha hallado la comunidad.

No toda frase es una gema: una gema se sostiene sola, dice algo profundo y resuena en cualquiera.

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