Introducción
Zaikin, un modesto funcionario del Tribunal, hace el fatigoso viaje hasta la casa de campo donde veranean su mujer y su hijo. Llega hambriento y molido, y se encuentra… nada: la casa vacía, sin comida —«mamá pensó que no vendrías»—, sin más compañía que su hijo Petia de seis años, que no para de hacerle preguntas. Chéjov pinta con humor amargo el «paraíso» del veraneo pequeñoburgués: caro, incómodo y sin sentido. «El veraneo ha sido inventado por las mujeres y el diablo», resume Zaikin.
Por la noche la casa se llena: la mujer vuelve con dos actores aficionados y una amiga, y empieza la fiesta de los ensayos teatrales, las declamaciones y los dúos. Y aquí llega la humillación silenciosa: para acomodar a los invitados, van desalojando a Zaikin de su cama, luego de su gabinete, hasta que padre e hijo se quedan literalmente sin sitio. Cuando el niño le pregunta por qué, Zaikin responde con la frase que da título al cuento: «porque nosotros, tú y yo, estamos aquí de más».
Sin dramatismo, con su ironía característica, Chéjov retrata al hombre superfluo en su propia casa: el que trabaja y paga, desplazado por la frivolidad, hasta salir a vagar de madrugada buscando dónde estar. Una miniatura perfecta sobre la soledad dentro de la familia.