Introducción
Un elegante caso de Sherlock Holmes en el que un detalle diminuto —un simple trozo de papel— basta para desenmascarar a los culpables. Holmes, agotado tras un caso extenuante en el continente, se retira a descansar a la casa de campo de un amigo de Watson en Reigate. Pero el reposo dura poco: en la comarca se han producido unos robos y, ahora, un asesinato. Un mozo de cuadra ha sido abatido de un disparo.
La víctima sujetaba en la mano, al morir, un fragmento de papel: «parece ser un fragmento arrancado de una hoja más grande», una nota rota que constituye la única pista. Los notables de la zona, los hacendados Cunningham, padre e hijo, ofrecen su versión de los hechos: «uno de ellos disparó, el otro cayó, y el asesino corrió por el jardín». Pero su relato no cuadra del todo.
Holmes, aun fingiéndose enfermo, estudia el fragmento de papel y descubre la clave: la nota fue escrita por dos manos distintas, alternándose las palabras, lo que revela una conspiración entre los dos Cunningham. A partir de la caligrafía, la edad de los trazos y una serie de deducciones magistrales, desmonta la coartada y prueba que los respetables hacendados son los verdaderos criminales. «Los hacendados de Reigate» es una joya de la deducción a partir del detalle más nimio.