Introducción
Un cuento en clave de comedia de Charles Perrault sobre lo insensatos que somos al desear. Un pobre leñador, harto de su suerte y de tanto quejarse, recibe la visita del mismísimo Júpiter, que, para demostrarle lo infundado de sus lamentos, le concede un don extraordinario: se cumplirán sus tres primeros deseos, sean cuales sean. El leñador, loco de contento, corre a casa a consultarlo con su mujer, decidido a pensarlo muy bien antes de pedir nada.
Pero la prudencia dura poco. Sentado al calor de la lumbre, se le escapa un deseo trivial: una buena vara de salchicha para acompañar el fuego. Al instante aparece la salchicha, y su mujer, furiosa por semejante desperdicio, lo colma de reproches. Irritado, el leñador desea entonces —¡sin pensar!— que la salchicha se le pegue a la nariz a su mujer. Y así queda ella, con la salchicha colgando del rostro.
Con un solo deseo restante, la pareja se enfrenta a la disyuntiva: podría el leñador convertirse en rey, pero ¿qué reina sería su mujer con semejante nariz? Al final, gasta el tercer y último deseo en devolver a su esposa la nariz de antes. Y el leñador, que pudo tenerlo todo, se queda exactamente como estaba. «Los deseos ridículos» es una fábula deliciosa y risueña sobre la imprudencia, la ira y la sabiduría de contentarse con lo que se tiene.