Introducción
Todo detective de la literatura —de Sherlock Holmes a los de hoy— desciende de un cuento de 1841: Los crímenes de la calle Morgue. En él, Edgar Allan Poe creó el primer «relato de raciocinio» y con él a su héroe, el caballero C. Auguste Dupin, un aficionado que resuelve con la sola fuerza de su mente lo que la policía no logra explicar.
El caso es un enigma perfecto: dos mujeres asesinadas con violencia inexplicable en una habitación cerrada por dentro. Mientras la policía se pierde en pistas falsas, Dupin observa lo que todos han visto pero nadie ha sabido leer, y reconstruye la verdad por medio del análisis. Poe no solo inventó la trama del «cuarto cerrado»: fijó las reglas del género —el detective genial, el compañero narrador, la deducción como espectáculo— que el mundo entero imitaría. Leerlo es asistir al nacimiento de toda la novela negra.