Introducción
Un amo bondadoso es alabado por sus esclavos: los trata bien, les habla con amabilidad, nunca los castiga sin causa. Esa armonía enfurece al Diablo, que se propone romperla. Se apodera de un esclavo, Aleb, y lo empuja a demostrar a los demás que, si dejaran de complacer al amo, este actuaría «como cualquier otro» y devolvería «daño con daño».
Para ganar la apuesta, Aleb comete una crueldad calculada: ante los invitados del amo, rompe la pata de su carnero más querido, «inapreciable», al que este estimaba «como la luz de sus ojos». El Diablo, trepado a un árbol, se relame. El amo se pone «más negro que el trueno»… y calla. Y entonces, tras un silencio, alza la vista al cielo, sonríe y hace lo impensable: le concede a Aleb la libertad que este deseaba.
«Mi amo es más fuerte que el tuyo», le dice. Con esa respuesta —el bien devolviendo libertad por daño— el amo desarma al Diablo, que cae del árbol rechinando los dientes y se hunde en la tierra. Tolstói condensa aquí su cristianismo radical: no resistir al mal con el mal, y vencerlo precisamente al no imitarlo.