Introducción
Una divertida y astuta fábula de los hermanos Grimm sobre la pereza que acaba, paradójicamente, premiada. Una madre, harta de su hija holgazana que se niega a hilar, le pega; y cuando la reina, que pasa por allí, pregunta el motivo de los llantos, la madre —avergonzada— miente diciendo que castiga a la niña porque hila sin descanso y no tiene lino suficiente para dárselo. A la reina, que adora el sonido de la rueca, le encanta la idea y se lleva a la muchacha a palacio.
Allí la encierra ante tres cuartos repletos de lino y le promete: si lo hila todo, la casará con su hijo, pues «tu amor al trabajo es un dote suficiente». La joven, incapaz de hilar semejante montaña ni en trescientos años, se desespera. Pero se le aparecen tres mujeres muy extrañas, deformadas cada una por el oficio: una tiene un pie enorme de pisar el pedal, otra un labio caído de mojar el hilo, la tercera un pulgar aplastado de torcerlo. Se ofrecen a hilar todo el lino a cambio de una sola condición: ser invitadas a la boda como primas de la novia, sin que esta se avergüence de ellas.
La muchacha acepta, las tres hilan el lino en un momento, y la boda se celebra. Fiel a su promesa, la novia recibe a sus feas «primas» ante el asombro del príncipe. Cuando este pregunta la causa de sus deformidades y ellas responden que son fruto de hilar, el príncipe, horrorizado, jura que su esposa «no volverá a tocar la rueca». «Las tres hilanderas» es una fábula ingeniosa y cómica sobre la astucia, la solidaridad y la pereza que triunfa.