Introducción
Uno de los mejores relatos del padre Brown, el sacerdote detective de G. K. Chesterton, y un modelo perfecto de misterio resuelto por la pura observación. En el exclusivo Hotel Vernon de Londres celebra su cena anual un selecto club aristocrático, «Los Doce Verdaderos Pescadores», cuyo mayor orgullo es un juego de cubertería de plata para el pescado, de gran valor. En una salita contigua, el humilde padre Brown despacha unos papeles… y escucha.
Lo que oye lo intriga: unos pasos en el corredor que cambian sin cesar de ritmo, unas veces lentos y solemnes, como los de un caballero que pasea, y otras rápidos y silenciosos, como los de un camarero atareado. De ese detalle mínimo, el sacerdote deduce toda la verdad: una sola persona produce ambas pisadas, porque se hace pasar por caballero ante los criados y por camarero ante los señores, moviéndose así invisible entre unos y otros para robar la plata.
El ladrón no es otro que Flambeau, el gran criminal, que aprovecha que «los camareros están instruidos para ser casi invisibles». El padre Brown lo intercepta con una frase serena y desarmante —«soy un sacerdote… y estoy listo para escuchar tu confesión»— y lo persuade de devolver el tesoro. Con humor y una lógica impecable, el cuento juega con las apariencias, las clases sociales y la invisibilidad del que sirve. «Las pisadas misteriosas» es una joya del relato detectivesco.