Introducción
Bajo el ruido y las prisas de lo cotidiano, ¿late acaso una vida más honda y verdadera, esperando ser descubierta? A esa intuición responde La vida celestial, una de las obras más elevadas y luminosas de James Allen, el gran maestro británico de la superación personal.
El libro es una invitación a no conformarse con la superficie de la existencia. Allen habla de «las apariencias, las sombras, las ilusiones» con que solemos contentarnos, y anima al lector a atravesarlas para llegar a «la sustancia y la realidad de la vida». Quien toma la firme resolución de no vivir en lo superficial —escribe— dispersa, por la sola luz de esa decisión, toda fantasía fugaz, y penetra en algo real y permanente.
El corazón de la obra es una idea a la vez sencilla y honda: que en el centro de cada ser humano existe un «Centro Divino», un núcleo de paz, pureza, fuerza y sabiduría. No hay que buscarlo lejos, en un cielo distante: está dentro, en el propio corazón. Y quien lo encuentra y aprende a vivir desde él se vuelve, en palabras de Allen, «puro y tranquilo y fuerte y sabio», e irradia sobre todo lo que le rodea una serenidad y una plenitud que él llama, precisamente, «vida celestial».
Lo notable es que esa vida celestial no es para Allen un premio del más allá, sino una realidad que puede vivirse aquí y ahora, en medio del mundo. No se trata de escapar de la vida, sino de vivirla desde un centro más profundo y verdadero, libres de la esclavitud de los deseos superficiales y las ilusiones pasajeras.
Escrito con la prosa serena, espiritual y sembrada de aforismos que hizo célebre a su autor, el libro se acerca a la mística y a la sabiduría de las grandes tradiciones, sin dejar de ser una guía práctica para la vida interior. Es, quizá, la más contemplativa de las obras de Allen, y una de las más bellas.
Leerlo es recibir una invitación tranquila pero radical: la de mirar más allá de lo aparente y buscar, en el propio centro, esa fuente de paz y de vida verdadera que —nos asegura Allen— habita ya, callada, en cada uno de nosotros.