Introducción
Uno de los relatos de terror más célebres y perturbadores de Edgar Allan Poe, narrado con la frialdad de un informe científico para hacerlo aún más espeluznante. El narrador, apasionado por el mesmerismo (el magnetismo animal que fascinaba a la época), se propone resolver una omisión que nadie había ensayado: mesmerizar a un moribundo «in articulo mortis», en el instante mismo de la muerte, para ver qué ocurre.
El sujeto ideal es su amigo M. Valdemar, un hombre de extrema delgadez y temperamento nervioso, enfermo de tisis, que habla con serenidad de su fin próximo y acepta el experimento. Cuando los médicos fijan la hora de su muerte, Valdemar manda llamar al narrador, que lo sume en trance magnético justo antes de expirar. Y entonces sucede lo increíble: la muerte queda suspendida. El cuerpo, frío y sin pulso, permanece en un estado intermedio; y una voz espantosa, que parece brotar de la lengua y no de los labios, llega a articular las palabras imposibles: «Le digo que estoy muerto».
Durante casi siete meses, Valdemar permanece así, ni vivo ni muerto, congelado por el poder mesmérico en el umbral de la nada. Al fin, los médicos deciden despertarlo. El narrador aplica los pases para liberarlo del trance… y el resultado es una de las imágenes más atroces de toda la literatura: al romperse el encantamiento, el cuerpo, en el espacio de un minuto, «se contrajo, se desmenuzó, se pudrió completamente» hasta quedar reducido a «una masa casi líquida de repugnante, de detestable putrefacción». «La verdad sobre el caso del señor Valdemar» es una obra maestra del horror sobre la frontera prohibida entre la vida y la muerte.