Introducción
En la bulliciosa Salamanca universitaria, donde miles de estudiantes llenan calles y posadas, se instala una nueva vecina que enseguida despierta curiosidad: una vieja de aire respetable que dice ser tía de Esperanza, una joven hermosa a la que presenta como doncella virtuosa y de buena familia. La realidad, como se irá viendo, es muy distinta. Así arranca La tía fingida, un relato picaresco tan divertido como afilado.
La supuesta tía es, en verdad, una astuta celestina que ha convertido a la muchacha en su negocio: la exhibe como un tesoro de honestidad para atraer a estudiantes ricos y sacar de ellos regalos, dinero y ventajas, jugando con el valor que la sociedad daba a la virginidad y a la honra. Todo es apariencia, teatro montado para engañar a los incautos.
Pero los estudiantes salmantinos no son presa fácil. Espabilados, socarrones y conocedores de todas las tretas, pronto empiezan a sospechar del montaje y deciden desenmascararlo, en una serie de lances cómicos que ponen al descubierto la farsa. La novela se convierte así en un ingenioso duelo de astucias entre embaucadores y embaucados.
Bajo la comedia late una sátira muy lúcida de las apariencias y de la falsa honra. Cervantes —o el ingenio que firma esta pieza— desnuda la hipocresía de una sociedad obsesionada con la virtud aparente y dispuesta a comerciar con ella, y lo hace desde el retrato vivísimo del mundo estudiantil del Siglo de Oro, con su desparpajo y su picardía.
Conviene señalar que la atribución de esta obra a Cervantes ha sido muy discutida por los especialistas: aparece tradicionalmente asociada a su nombre, pero muchos dudan de que sea realmente suya. En cualquier caso, se trata de una excelente muestra del relato picaresco y celestinesco tan característico de la literatura española de la época.
Adéntrate en la Salamanca de estudiantes y embaucadores y disfruta del desenmascaramiento de la falsa tía. Una comedia mordaz sobre el eterno negocio de las apariencias.