Introducción
Un cuento de los hermanos Grimm que ensalza la compasión hacia los animales. Un rey famoso por su sabiduría —a quien nada le es oculto— guarda un secreto: cada día come a solas de un plato tapado. Vencido por la curiosidad, su criado de confianza lo destapa y encuentra una serpiente blanca; al probar un bocado, descubre que ha adquirido un don prodigioso: entender el lenguaje de los animales. Ese don le sirve enseguida para probar su inocencia cuando se le acusa del robo de una sortija de la reina, pues oye a un pato confesar que se la ha tragado.
Libre y recompensado, el criado pide solo un caballo y dinero para ver mundo. En su viaje, movido por su buen corazón, salva a tres peces atrapados, desvía su caballo para no aplastar a un hormiguero y mata a su montura para alimentar a unos crías de cuervo hambrientos. Los tres —peces, hormigas y cuervos— le prometen: «Nos acordaremos y te lo pagaremos».
Al llegar a una ciudad, el joven se enamora de una princesa orgullosa que impone a sus pretendientes pruebas mortales: recuperar un anillo del fondo del mar, recoger diez sacos de mijo esparcidos, y traer una manzana del Árbol de la Vida. En cada una, los animales agradecidos acuden en su ayuda: los peces le devuelven el anillo, las hormigas recogen el mijo, y los cuervos vuelan hasta el fin del mundo por la manzana. Así, la bondad triunfa: la princesa se enamora y comparten la manzana de la vida. «La serpiente blanca» es una fábula luminosa sobre la compasión que se paga con creces.