Introducción
La obra maestra de Carlos Arniches, el gran dramaturgo español, y una de las cumbres del teatro español del siglo XX. «La señorita de Trevélez» (1916) es una «tragedia grotesca» memorable: bajo la apariencia de comedia, una sátira feroz y conmovedora de la crueldad, la ociosidad y la mezquindad de la vida provinciana, en la que una broma cruel destroza la dignidad de una mujer y su familia.
En una capital de provincia de tercer orden, un grupo de señoritos ociosos y desocupados —el «Guasa-Club»—, capitaneados por el cínico y resentido Tito Guiloya, urde una broma cruel: hacen creer a Florita de Trevélez, una solterona madura y soñadora, que el galán del pueblo, Numeriano Galán, está locamente enamorado de ella, mediante cartas y declaraciones falsas. Lo que empieza como una diversión canallesca se convierte en un drama que hiere profundamente a la ilusionada Florita y a su noble y quijotesco hermano, don Gonzalo, arrastrándolos al ridículo y al dolor. Arniches trasciende aquí el sainete cómico para crear una obra de hondo calado social y moral, que denuncia la crueldad gratuita, la falta de escrúpulos y el vacío de una juventud sin ideales, y que culmina en un célebre alegato a favor de la educación como remedio contra la barbarie.
Cima del teatro de Arniches y clásico indiscutible de la escena española, «La señorita de Trevélez» es una lectura ácida, divertida y profundamente humana. Una tragicomedia inolvidable que inspiró el cine (la película Calle Mayor, de Bardem) y que sigue interpelando al espectador un siglo después.