Introducción
Una de las obras maestras de Antón Chéjov y uno de los relatos largos más poderosos y perturbadores de la literatura rusa, una feroz parábola sobre la indiferencia, la locura y la responsabilidad moral. La acción transcurre en la sórdida sala número seis de un hospital provinciano, el pabellón de los enfermos mentales, un lugar de abandono y crueldad presidido por el brutal guardián Nikita.
El protagonista es el doctor Andréi Yefímich Raguin, un médico inteligente pero apático y filósofo, que ha renunciado a mejorar el hospital que dirige, convencido, con un fatalismo cómodo, de que nada tiene sentido y de que da igual curar o dejar morir —«¿para qué empeñarse en impedir que la gente se muera, siendo la muerte el fin natural de todos?»—. Un día, sin embargo, entabla conversación con Iván Dmítrich Gromov, un interno lúcido y apasionado recluido en la sala número seis, y descubre en él al único interlocutor inteligente de la ciudad. Sus diálogos sobre el sufrimiento, la justicia y la libertad trastornan al doctor.
Pero pronto la ironía trágica se cierra sobre él: el propio Raguin, considerado excéntrico por relacionarse con un loco, acaba encerrado en la sala número seis, sufriendo en carne propia el horror que había contemplado con indiferencia. Con su fuerza simbólica —fue leída como una alegoría de la Rusia zarista— y su hondura moral, «La sala número seis» (1892) es una obra estremecedora sobre la complicidad con el mal y el precio de la indiferencia.