Introducción
Si La Ilíada es el poema de la guerra, La Odisea es el poema del regreso. Terminada Troya, a Ulises le quedan diez años de mar, monstruos y engaños antes de volver a casa. Pero su verdadero enemigo no es el cíclope ni la maga Circe: es la tentación de dejar de intentarlo, de quedarse, de olvidar Ítaca. La Odisea inventó el viaje como metáfora de la vida, y sigue siendo su versión más perfecta.
Su héroe no es el más fuerte, sino el más astuto: el «de multiforme ingenio», el que sobrevive pensando. Frente a la fuerza bruta de la Ilíada, aquí triunfan la inteligencia, la paciencia y la fidelidad —la de Ulises a su tierra y la de Penélope a su esposo—. Por eso, tres milenios después, seguimos llamando «odisea» a todo viaje difícil hacia lo que amamos.