Introducción
Un relato breve e intenso de Stefan Zweig, una pieza de atmósfera sofocante donde el paisaje y el deseo se funden en una misma pulsación febril. El narrador evoca un verano de sequía y calor abrasador, uno de esos veranos «temidos en la memoria de la población durante muchos años», en que la tierra agrietada, los campos ahogados y el cielo plomizo parecen jadear por una lluvia que no llega.
En ese aire cargado, opresivo, la naturaleza entera se convierte en un cuerpo sediento y tenso, y el narrador siente cómo esa tensión se contagia a su propia sangre, que «late febrilmente». La espera de la tormenta se transforma en una experiencia casi carnal: el paisaje excitado y el despertar de un deseo turbio, sin objeto, que crece con el bochorno hasta rozar el instinto y la violencia.
Con su prosa sensorial y su finísima capacidad para captar los estados del alma, Zweig teje una correspondencia perfecta entre el mundo exterior y el interior: la sequía de la tierra y la sed del cuerpo, el estallido de la tormenta y el estallido del deseo. «La mujer y el paisaje» es una miniatura maestra sobre el poder de la naturaleza para despertar las fuerzas más ocultas del ser humano.