Introducción
Uno de los relatos más sombríos y estremecedores del joven Charles Dickens: la crónica de la ruina que la bebida arrastra consigo. Dickens abre apelando al lector: ¿quién no ha visto por las calles de Londres a algún ser andrajoso y envilecido que un día fue un hombre próspero y respetable, hundido «por grados casi imperceptibles» en la abyección? De ese descenso trata la historia.
El protagonista, dominado por el alcohol, va destruyendo cuanto lo rodea: su vicio arruina a su familia, mata de pena a su esposa y dispersa a sus hijos. Envilecido y solo, comete la peor traición: delata a la justicia a su propio hijo, fugitivo, que antes de ser apresado lo maldice para siempre. Esa maldición filial lo perseguirá hasta el final.
Convertido en un mendigo desesperado, el borracho llega una noche al río. Las «formas extrañas y fantásticas» de las aguas lo llaman, y se arroja. Pero apenas cae, un ansia feroz de vivir lo sobrecoge —«¡la vida de cualquier forma… todo menos la muerte!»—; lucha por salir, mientras la maldición de su hijo resuena en sus oídos. En vano: la corriente lo arrastra. Una semana después, su cuerpo, «una masa informe y horrible», aparece en la orilla y es enterrado «sin ser identificado ni llorado por nadie». «La muerte del borracho» es una fábula social demoledora sobre el alcoholismo, la degradación y la soledad.