Introducción
Pocas frases han abierto un libro con tanta violencia serena como la que inaugura La metamorfosis: un hombre despierta convertido en insecto y la novela jamás se detiene a explicar por qué. Kafka renuncia al «cómo es posible» y nos arroja de lleno al «y ahora qué», que es donde vive el verdadero horror: en lo cotidiano. Lo monstruoso no es el cuerpo de Gregorio Samsa, sino la naturalidad con que su familia aprende a convivir con la vergüenza y, después, a desear su desaparición.
Publicada en 1915, esta novela corta se lee en una tarde y no se olvida en toda una vida. Bajo su fábula grotesca late una pregunta incómoda: ¿cuánto valemos cuando dejamos de ser útiles? Gregorio se sacrificó por los suyos mientras produjo dinero; el día que solo produce molestias, el afecto se revela como un contrato. Esa es la metamorfosis que de verdad importa, y no ocurre en el protagonista, sino en quienes lo rodean.