Introducción
El primer relato breve que publicó Joseph Conrad, y ya una obra maestra: una historia de amor, traición y culpa contada en el corazón de la selva malaya. Un comerciante blanco, remontando un río al atardecer, se detiene a pasar la noche en la casa aislada de su amigo Arsat, un malayo que vive solo, apartado de todos, junto a una laguna sombría que los nativos temen. Arsat vela a su mujer, Diamelen, que agoniza de fiebre. Y esa noche, mientras ella se apaga, le confía por fin la historia que lo condena.
Años atrás, Arsat amó a Diamelen, sirvienta de la casa de un poderoso señor, un amor imposible. Con la ayuda de su hermano —«no había hombre más valiente ni más fuerte»—, la raptó y huyó con ella en canoa. Perseguidos por los hombres del señor, los tres remaron hasta el agotamiento; al fin desembarcaron en una playa. Pero los perseguidores los alcanzaron.
Entonces llegó el momento terrible. El hermano se volvió para contener a los enemigos y dar tiempo a la fuga, gritando a Arsat que se llevara a la mujer y lo esperara. Y Arsat, arrastrado por su amor y su miedo, empujó la canoa y remó, dejando atrás a su hermano, cuyos gritos aún resuenan en su memoria. Ganó a Diamelen; perdió a su hermano y su honor. Ahora, al amanecer, Diamelen muere, y a Arsat no le queda nada: «no hay luz ni paz en el mundo; pero hay muerte». Resuelve regresar para vengar o morir. El comerciante parte, y Arsat queda solo, mirando «hacia la oscuridad de un mundo de ilusiones». «La laguna» es una joya sobre el precio de la traición y la soledad de la culpa.