Introducción
Un cuento de raíz religiosa de los hermanos Grimm sobre la desobediencia, la mentira obstinada y el perdón por la contrición. La Virgen María —«una señora muy alta y hermosa con una corona de brillantes estrellas»— se lleva a su palacio celestial a la hijita de un leñador tan pobre que no puede alimentarla, y la cría entre toda clase de dichas. Al cumplir la niña catorce años, la Virgen parte de viaje y le confía las llaves de trece puertas: puede abrir doce y admirar sus maravillas, pero le prohíbe terminantemente abrir la decimotercera.
Vencida por la curiosidad, la joven abre la puerta prohibida y contempla la gloria de la Trinidad; un rayo de luz le dora un dedo, mancha que ya no logra borrar. Al regresar, la Virgen le pregunta tres veces si abrió la puerta, y tres veces la niña lo niega. Como castigo por desobedecer y, sobre todo, por mentir, la Virgen la envía, muda, a vivir en la miseria de un bosque salvaje, donde sobrevive años cubierta solo por sus largos cabellos.
Un rey la encuentra, prendado de su belleza, y se casa con ella pese a su mudez. Pero cada vez que la reina da a luz, la Virgen se le aparece ofreciéndole devolverle la voz y el hijo si confiesa su falta; y cada vez la reina, obstinada, lo niega, perdiendo así a sus tres hijos, hasta ser acusada de infanticida y condenada a la hoguera. Solo entonces, ya entre las llamas, el arrepentimiento toca su corazón y confiesa: «Sí, soy culpable». Al instante la Virgen la salva, le devuelve a sus hijos y la voz, proclamando: «Todo el que se arrepiente y confiesa su pecado es perdonado». Una fábula intensa sobre la verdad, la mentira y la misericordia.