Introducción
Durante «el espantoso reinado del cólera en Nueva York», el narrador se refugia en una casa de campo a orillas del Hudson. Pero el miedo lo persigue: cada día llegan noticias de muertos, «el mismo aire del Sur nos parecía que olía a muerte», y su ánimo, alimentado por lecturas sobre presagios, se hunde en una penumbra enfermiza. En ese estado, una tarde ve descender por una colina lejana un monstruo colosal, más grande que un navío, con colmillos, alas escamosas y una calavera dibujada en el pecho. Aterrado, se desmaya.
Días después se lo cuenta a su anfitrión, un hombre de temperamento sereno y «ricamente filosófico». Y este, en vez de asustarse, le da una lección sobre la mente humana: la principal fuente de error, dice, está en «infravalorar o sobrevalorar la importancia de un objeto» por una mala medición de su proporción. Entonces coge un libro de historia natural, se sienta exactamente donde estaba el narrador… y le revela la verdad: aquel monstruo colosal y remoto era en realidad un diminuto insecto —una mariposa «esfinge de la muerte»— que trepaba por un hilo de araña a un dedo de su ojo.
Poe convierte una historia de terror en una fábula sobre la percepción: cómo el miedo y la falta de perspectiva pueden agigantar una minucia hasta volverla un monstruo. Ingenioso, inquietante y sorprendentemente moderno.