Introducción
En el pueblo de Daganzo ha llegado la hora de elegir nuevo alcalde, y el asunto se toma con toda la solemnidad del mundo. Se examina, uno por uno, a los candidatos, labradores del lugar que aspiran a la vara de mando. El problema es que sus méritos, sus respuestas y sus ocurrencias distan mucho de lo que cabría esperar de un buen gobernante. Así nace la comedia de La elección de los alcaldes de Daganzo.
Escrito en verso, este entremés es una sátira política de una gracia irresistible. Cada candidato se retrata a sí mismo al hablar: presumen de virtudes absurdas, confunden lo importante con lo trivial y demuestran, sin quererlo, hasta qué punto la ignorancia y la vanidad pueden aspirar al poder. Cervantes deja que se delaten solos, y ahí reside la comicidad.
Detrás de la risa hay una preocupación muy seria y muy cervantina: la del buen gobierno. Es el mismo tema que el autor tratará con ternura en el Quijote, cuando Sancho gobierna su ínsula con un sentido común que avergüenza a los sabios. Aquí, en cambio, lo aborda por la vía de la parodia, riéndose de quienes pretenden mandar sin las cualidades para hacerlo.
La pieza conserva una vigencia sorprendente. La comedia de los aspirantes que prometen y presumen sin fundamento, del examen que no mide lo que debería, del cargo que se otorga por razones equivocadas, sigue resonando en cualquier época y lugar. La política, parece decir Cervantes, siempre tendrá algo de entremés.
Breve, ágil y muy divertida, es una joya para descubrir al Cervantes satírico y observador de la vida pública. En pocas páginas condensa una crítica que no ha perdido filo en cuatro siglos.
Asiste al examen de los alcaldables de Daganzo y ríe con sus disparates. Detrás de la carcajada, reconocerás más de lo que quisieras.