Introducción
Un intrigante caso de Sherlock Holmes sobre el honor, la confianza traicionada y las apariencias engañosas en el seno de una familia. El respetable banquero Alexander Holder recibe como garantía de un cuantioso préstamo un tesoro nacional: una preciosa diadema con treinta y nueve enormes berilos, «cuyo precio del oro empleado es incalculable». Temiendo dejarla en el banco —«las cajas fuertes de los banqueros habían sido forzadas antes»—, se la lleva a casa para custodiarla personalmente.
Esa misma noche, un ruido lo despierta y sorprende a su propio hijo, Arthur, con la diadema en las manos y una esquina, con tres de las gemas, arrancada. El banquero, desesperado, da por culpable a su hijo, que se niega a explicarse y calla obstinadamente. Todo parece resuelto, pero Holmes, atento a las huellas en la nieve y a las verdaderas relaciones de la casa, descubre otra historia.
El silencio de Arthur no era culpa, sino sacrificio: callaba para proteger a su prima Mary, la sobrina adoptada por el banquero «como una hija», que había robado la diadema para entregársela a su amante, el canalla sir George Burnwell. Holmes recupera las gemas y restituye el honor del hijo injustamente acusado. «La diadema de berilos» es un relato modélico sobre el amor que se sacrifica y la ceguera de los prejuicios paternos.