Introducción
El relato que presentó al mundo a uno de los detectives más entrañables de la literatura: el padre Brown, el humilde y aparentemente torpe sacerdote católico creado por G. K. Chesterton. Aristide Valentin, jefe de la policía de París y «el detective más famoso del mundo», llega a Londres tras la pista del gigantesco Flambeau, el criminal más audaz de Europa, maestro del disfraz y del robo espectacular.
La persecución adopta una forma insólita: Valentin va siguiendo un rastro de pequeños disparates dejados a propósito por alguien —sal en el azucarero, una ventana rota y pagada de más, sopa arrojada a la pared, manzanas volcadas—, señales absurdas que lo guían por toda la ciudad. Al final del rastro encuentra a un curita bajito y bonachón de Essex, en apariencia el hombre más ingenuo del mundo, que viaja con una valiosísima reliquia: la cruz azul, engarzada de zafiros.
Flambeau, disfrazado de sacerdote, ha estado junto al padre Brown todo el tiempo, tratando de robarle la cruz. Pero el humilde clérigo lo ha desenmascarado y burlado con antelación: fue él quien dejó los extraños indicios para atraer a la policía, quien cambió el paquete de la joya, y quien caló al impostor por un detalle teológico —«atacaste la razón; es mala teología»—. Al final, hasta el gran Valentin se descubre ante el pequeño sacerdote: «inclinémonos los dos ante nuestro maestro». «La cruz azul» es una joya del relato detectivesco y el nacimiento de un personaje inmortal.