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Portada de La célebre rana saltarina del distrito de Calaveras

Mark Twain

La célebre rana saltarina del distrito de Calaveras

El relato que lanzó a la fama a Mark Twain, una joya del humor estadounidense. Un narrador va a preguntar por un tal Leonidas W. Smiley a un viejo charlatán, Simon Wheeler, que en lugar de responder se enfrasca en la interminable historia de Jim Smiley, un jugador empedernido capaz de apostar por cualquier cosa. Su mayor orgullo es una rana amaestrada, Dan'l Webster, que salta como ninguna… hasta que un forastero la llena de perdigones a escondidas y le gana la apuesta. Un monólogo cómico contado con imperturbable seriedad, obra maestra del cuento humorístico y del habla popular del Oeste.
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Portada de La célebre rana saltarina del distrito de Calaveras
La célebre rana saltarina del distrito de Calaveras
Mark Twain

Introducción

Este es el relato que dio fama nacional a Mark Twain y una de las cumbres del humor estadounidense. El narrador, por encargo de un amigo, va a preguntar al viejo y bonachón Simon Wheeler por un tal Leonidas W. Smiley. Pero Wheeler, con imperturbable seriedad y sin sonreír jamás, lo acorrala y se lanza a una interminable reminiscencia sobre otro Smiley, Jim, el hombre más aficionado a las apuestas que jamás se haya visto.

Jim Smiley apostaba por cualquier cosa: carreras de caballos, peleas de perros, de gatos, de gallos, hasta por cuál de dos pájaros echaría a volar primero, o por la salud de la mujer del párroco. Tenía una yegua asmática que ganaba en el último suspiro y un cachorro bull, Andrew Jackson, invencible hasta que topó con un perro sin patas traseras. Pero su mayor orgullo era una rana a la que amaestró durante tres meses, Dan'l Webster, capaz de saltar más que ninguna otra del condado de Calaveras.

Un día, un forastero acepta la apuesta de Smiley sobre la rana; y mientras este va al pantano a buscarle otra rana al desconocido, el astuto extraño le llena a Dan'l la barriga de perdigones. Cuando llega el momento de saltar, la pobre rana no puede moverse, «plantada como un yunque», y el forastero se lleva los cuarenta dólares. «La célebre rana saltarina del distrito de Calaveras» (1865) es una obra maestra del cuento oral y del humor del Oeste: el arte de Twain brilla en la voz del narrador que cuenta lo más absurdo con la mayor gravedad.

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