Introducción
Una de las obras maestras absolutas de Guy de Maupassant, una novela corta que él mismo consideró igual o superior a «Bola de sebo». En un pequeño puerto de Normandía, la casa de Madame Tellier es un burdel discreto y casi familiar, adonde acuden cada noche, «como quien va al café», los hombres respetables del pueblo: comerciantes, jóvenes, notables. Madame, mujer de buena familia campesina, lo regenta con orden y dignidad, y las cinco pupilas forman una pequeña comunidad de caracteres muy distintos.
Un sábado, para asombro y desconcierto de la clientela, la casa amanece cerrada: un cartel anuncia que Madame ha ido a la primera comunión de su sobrina. Y allá parten todas, señora y muchachas, en tren, hacia el pueblo natal de Madame. La irrupción de aquellas mujeres vistosas en el mundo rural, y luego en la iglesia, da lugar a páginas de fina comedia y ternura.
El corazón del relato es la ceremonia: durante la comunión de los niños, la emoción religiosa, avivada por el llanto de las pupilas —conmovidas por recuerdos de su propia infancia perdida—, se propaga por todo el templo como un contagio. «Como las lágrimas son contagiosas», Madame y toda la concurrencia rompen a llorar, y el pueblo entero vive un arrebato de fervor colectivo. De vuelta, esa noche la casa reabre entre música y alegría, y Madame, radiante, cobra el champán a mitad de precio: «No todos los días son fiesta». Maupassant funde con maestría lo sagrado y lo profano en un retrato sin juicios, tierno e irónico, de la humanidad de sus personajes.