Introducción
Una ingeniosa historia de fantasmas de Charles Dickens que, con su característico humor, da la vuelta a las convenciones del género. El narrador, un caballero escéptico, alquila una vieja y solitaria casa de campo que arrastra fama de estar encantada: sus antiguos habitantes la han abandonado por los supuestos ruidos y apariciones. Pero él la conoce, precisamente, sin ninguno de los tópicos del terror: «ni bajo ninguna de las circunstancias espectrales acreditadas ni rodeado de ninguno de los ambientes fantasmales convencionales».
Decidido a desentrañar el misterio, el narrador se instala en la casa con un grupo de amigos, repartiéndose las habitaciones para investigar juntos los fenómenos. Pronto descubre que muchos de los «espantos» tienen explicaciones de lo más humanas y prosaicas —criados asustadizos, corrientes de aire, imaginaciones— y aprovecha para satirizar con gracia la moda del espiritismo, tan en boga en su época, con episodios como el del «espíritu de Sócrates» que se comunica de noche.
Pero la verdadera sustancia del relato no son los fantasmas, sino los «fantasmas» interiores: cada huésped cuenta la historia asociada a su habitación, evocando los recuerdos, amores y pesares que de verdad nos habitan. Con su mezcla de humor, ternura y reflexión, «La casa encantada» convierte el cuento de miedo navideño en una emotiva meditación sobre la memoria y el corazón humano.