Introducción
Uno de los cuentos más delicados y punzantes de Katherine Mansfield, sobre la crueldad social contemplada a través de los niños. Los Burnell reciben de regalo una espléndida casa de muñecas, con habitaciones empapeladas, muebles diminutos y —lo que más enamora a la pequeña Kezia— una exquisita lamparita de ámbar que «parecía de verdad». Las tres hermanas arden en deseos de presumir de ella en la escuela y se les permite invitar a las niñas, de dos en dos, a verla en el patio.
Pero hay dos a las que nadie invita ni dirige la palabra: las pequeñas Kelvey, Lil y «nuestra Else», hijas de una humilde lavandera y de un padre que se dice está en la cárcel. Vestidas con retales, marginadas por todos —hasta por la maestra—, encarnan la «raya» que la comunidad traza para separar a los respetables de los indignos. Mansfield retrata con precisión el mecanismo del esnobismo infantil, aprendido de los adultos.
Un día, la pequeña Kezia, ajena a esas reglas crueles, invita a las Kelvey a ver la casa a escondidas. Apenas alcanza a abrirla y señalarles las habitaciones cuando la tía Beryl irrumpe y las echa «como a gallinas», humillándolas. Y sin embargo, sentada después junto a su hermana, «nuestra Else» sonríe con su rara sonrisa y susurra lo único que importa: «He visto la lamparita». «La casa de muñecas» es una obra maestra sobre la inocencia, el esnobismo y esos pequeños instantes de belleza que redimen la humillación.