Introducción
¿Dónde se esconde mejor un objeto? A veces, a plena vista. En La carta robada, tercer relato protagonizado por el detective Auguste Dupin, Edgar Allan Poe plantea uno de los enigmas más elegantes de la literatura policíaca: una carta que la policía busca con lupa, midiendo muebles y desmontando forros, sin dar con ella, porque el ladrón ha sido lo bastante inteligente para no esconderla en absoluto.
Dupin resuelve el caso no con más registros, sino con psicología: se pone en el lugar del ministro que robó la carta, un hombre tan astuto como él, y adivina que la ocultó justo donde nadie pensaría mirar. El relato es una lección sobre los límites del método rutinario y sobre el poder de comprender la mente del contrario. Con él, Poe consolidó las reglas del cuento detectivesco e influyó en toda la tradición posterior, del razonamiento de Sherlock Holmes a los duelos de ingenio del cine.