Introducción
La lección inaugural con que un jovencísimo Friedrich Nietzsche tomó posesión de su cátedra de filología clásica en la Universidad de Basilea, un texto programático deslumbrante sobre el sentido de estudiar la Antigüedad. Con apenas veinticuatro años, Nietzsche se pregunta qué es realmente la filología y por qué merece dedicarle la vida, en un momento en que «no existe un estado de opinión concreto y unánime sobre la filología clásica».
El eje de la conferencia es la célebre «cuestión homérica»: ¿fue Homero un único y genial poeta, autor de la Ilíada y la Odisea, o un nombre bajo el que se agrupan cantos populares de muchas manos? Nietzsche repasa el debate desde Friedrich August Wolf y reflexiona sobre cómo la crítica filológica —al desmenuzar los poemas— pareció «destrozar la corona de Homero», arrebatando al mundo la figura del poeta genial.
Más allá de la erudición, Nietzsche plantea la gran tensión que recorrerá toda su obra: la que existe entre la ciencia y el arte, entre el saber y la vida. «La vida es digna de ser vivida, dice el arte; la vida es digna de ser estudiada, dice la ciencia.» La filología, sostiene, solo tiene sentido si sirve a la vida y a la cultura, no como erudición muerta. Es un texto fundamental para comprender los inicios del pensamiento nietzscheano.