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Portada de Hipolito

Eurípides

Hipolito

Hay obras que nacen de una derrota. La primera versión de esta tragedia, hoy perdida, escandalizó a los atenienses: Fedra declaraba su amor a Hipólito en escena, sin pudor, sin velo. El público la rechazó.
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Portada de Hipolito
Hipolito
Eurípides

Introducción

Hay obras que nacen de una derrota. La primera versión de esta tragedia, hoy perdida, escandalizó a los atenienses: Fedra declaraba su amor a Hipólito en escena, sin pudor, sin velo. El público la rechazó. Eurípides, en lugar de rendirse, reescribió la obra desde sus cimientos, y de esa segunda tentativa surgió el Hipólito que leemos hoy, el que ganó el primer premio en las Grandes Dionisias del año 428 a. C. Pocas veces la historia literaria nos regala una corrección tan fecunda: el fracaso obligó al poeta a profundizar, y la profundidad lo hizo inmortal.

Lo que Eurípides descubrió en esa reescritura no fue cómo suavizar el escándalo, sino cómo multiplicarlo hacia adentro. Fedra ya no confiesa en voz alta; se consume en silencio, lucha contra sí misma con una dignidad que duele, y es precisamente esa lucha lo que la vuelve insoportablemente humana. El deseo no aparece aquí como vicio ni como locura decorativa: aparece como una fuerza que llega desde fuera —desde Afrodita misma— y que destruye a quien la padece sin que esa persona haya hecho nada para merecerlo. Esa es la pregunta que late bajo cada verso: ¿puede alguien ser culpable de lo que siente?

Hipólito, por su parte, es el reverso exacto. Devoto de Ártemis, casto hasta la arrogancia, desprecia a Afrodita con la misma intensidad con que Fedra la sufre. Eurípides construye entre los dos personajes una simetría cruel: uno rechaza el amor, la otra no puede escapar de él, y ambos serán destruidos por la misma diosa. La tragedia no castiga al culpable; castiga al que se niega a ser vulnerable y al que es demasiado vulnerable. Eso, en el siglo V antes de Cristo, era una provocación filosófica de primer orden.

Eurípides siempre incomodó a sus contemporáneos. Sófocles, según se cuenta, dijo de él que mostraba a los hombres tal como son, mientras que él los mostraba como deberían ser. Era un reproche que el propio Eurípides habría aceptado como elogio. Sus personajes no son héroes elevados sobre un pedestal; son personas atrapadas entre lo que sienten y lo que se espera de ellas, entre el impulso y la norma, entre la carne y el honor. En ese espacio angosto vive toda la modernidad de este drama.

La nodriza, ese personaje secundario que mueve los hilos con una mezcla de amor y pragmatismo, anticipa siglos de criadas shakespearianas y confidentes novelísticas. Teseo, el padre que condena a su hijo sin escucharlo, encarna el horror de la certeza precipitada. Y los dioses —Afrodita al principio, Ártemis al final— enmarcan la acción con una frialdad que no consuela: saben lo que va a ocurrir, lo permiten, y luego explican sus razones como quien justifica un sacrificio necesario. Pocas imágenes del poder divino resultan tan perturbadoras.

Racine la reescribió en el siglo XVII y la convirtió en una de las cimas del teatro francés. O'Neill la trasladó a Nueva Inglaterra. El psicoanálisis encontró en ella un mapa del deseo reprimido. Cada época ha vuelto a este texto porque cada época reconoce en él algo que le pertenece: la culpa sin culpa, el amor que destruye precisamente porque es real, la justicia que llega tarde o no llega.

Leer el Hipólito hoy es encontrarse con una obra que tiene más de dos mil cuatrocientos años y que, sin embargo, no ha terminado de decir lo que tiene que decir. Ábranla con calma. Dejen que Fedra hable —o que calle— a su propio ritmo. Lo que viene después no se olvida fácilmente.

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Hay frases que atraviesan los siglos, revelan verdades profundas y muchas veces cambian vidas. Viven escondidas en las obras que han marcado la historia de la humanidad. Leer es minarlas: cuando encuentres una que de verdad lo sea, márcala; si es una gema, se publicará con tu nombre en la página del autor y del libro. También descubrirás las gemas que ha hallado la comunidad.

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