Introducción
Un príncipe recibe la visita del fantasma de su padre, que le revela un asesinato y le exige venganza. A partir de ahí, Hamlet podría haber sido una tragedia de sangre más; en manos de Shakespeare se convirtió en la obra que enseñó a la literatura a pensar en voz alta. Porque el gran conflicto de Hamlet no está fuera —el tío usurpador, la corte de Elsinor—, sino dentro: en una mente que duda, que aplaza, que convierte cada acción en pregunta.
Escrita hacia 1600, es la tragedia más larga y más citada de Shakespeare, y probablemente el papel más ambicionado del teatro occidental. Su protagonista inauguró un tipo humano nuevo: el héroe que reflexiona hasta la parálisis, el moderno que descubre que saber la verdad no basta para actuar sobre ella. «Existir o no existir» no es solo la duda de un vengador: es la de cualquiera que se haya preguntado si vale la pena seguir.