Introducción
Uno de los cuentos de hadas más ingeniosos y célebres de la tradición europea, fijado por los hermanos Grimm. Al morir un molinero, sus tres hijos se reparten la herencia: al mayor le toca el molino, al segundo el asno, y al menor solo el gato. Desesperado, el muchacho piensa hacerse unos guantes con su piel. Pero el gato habla, y le pide algo insólito: un par de botas. «Encarga que me hagan un par de botas para que pueda salir a que la gente me vea, y pronto obtendrás ayuda».
Calzado y astuto, el gato caza perdices y las lleva al rey como regalo de un noble inventado, «el señor conde». Día tras día colma al rey de presentes, hasta ganarse su favor. Entonces urde su golpe maestro: hace que su amo, fingiéndose un conde despojado por unos ladrones, sea vestido con las ropas reales y paseado junto a la princesa. Y adelantándose por el camino, obliga a campesinos y segadores a declarar que todas las tierras son «del señor conde».
Solo falta un castillo: el del terrible mago que posee esas tierras. El gato lo derrota con pura inteligencia, adulándolo hasta que el mago, vanidoso, se transforma en ratón… y el gato se lo come. El molinero hereda así el palacio, se casa con la princesa y llega a rey; y el gato con botas, «por su parte, en primer ministro». «El gato con botas» es una fábula luminosa sobre cómo el ingenio puede más que la herencia, la fuerza o la suerte.