Introducción
Uno de los diálogos más bellos y ricos de Platón, una obra que entrelaza el amor, la belleza, el alma y el arte de la palabra bajo la sombra de un plátano, a orillas del río Iliso. Sócrates se encuentra con el joven Fedro, entusiasmado con un discurso del orador Lisias que sostiene, paradójicamente, que es preferible entregarse a quien no ama antes que a quien ama. En torno a esa provocación se despliega la conversación.
Sócrates pronuncia primero un discurso a la manera de Lisias y luego, arrepentido, una gran «palinodia» en la que rehabilita el amor como una forma de «locura» divina, la más noble de todas. Es aquí donde Platón despliega su célebre mito del carro alado: el alma como un auriga que gobierna dos caballos, uno noble y otro rebelde, en su ascenso hacia la contemplación de las ideas eternas. El amor a la belleza terrena despierta en el alma el recuerdo de la Belleza absoluta que contempló antes de nacer, y le hace recuperar sus alas.
En su segunda parte, el diálogo se convierte en una reflexión sobre la retórica y la escritura: Sócrates narra el mito de Theuth para advertir que la palabra escrita, muerta y sin defensa, no puede sustituir al diálogo vivo del alma. El «Fedro» culmina en la famosa plegaria a Pan —«dame belleza en el alma interior»— y sigue siendo una lectura deslumbrante sobre el amor, la verdad y el lenguaje.