Introducción
Escrito en las vacaciones de Pascua de 1862, cuando su autor tenía diecisiete años, «Fatum e historia» es el hermano de «Libertad de la voluntad y fatum», y en él el joven Nietzsche se atreve ya a lo más difícil: mirar el cristianismo y la historia de la Iglesia «con mirada exenta de prejuicios». Consciente de su osadía —«¿cómo podría destruirse la autoridad de dos milenios con el resultado de unas meditaciones juveniles?»—, avanza igualmente, y confiesa una verdad que lo define: «destruir es muy fácil, ¡más cuán difícil es construir!».
El ensayo se eleva luego a una imagen grandiosa: la historia como un reloj gigantesco, y el hombre como uno de los «círculos más interiores» de un sistema de círculos concéntricos que giran y devienen. En ese marco reaparece su gran problema: la relación entre el fatum (el destino, la necesidad) y la voluntad libre. Nietzsche no elige uno contra otro: sostiene que se necesitan, «pues sólo las contradicciones dan lugar a los rasgos del carácter».
Denso, ambicioso y sorprendentemente maduro, este texto muestra a un adolescente pensando ya en la escala de la humanidad y del cosmos, y ensayando las preguntas —sobre la fe, la libertad y el destino— que ocuparían toda su obra.