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Portada de Ex oblivione

H. P. Lovecraft

Ex oblivione

Hay textos que no se leen: se sueñan. Ex oblivione es uno de ellos. Escrito por H.
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Portada de Ex oblivione
Ex oblivione
H. P. Lovecraft

Introducción

Hay textos que no se leen: se sueñan. Ex oblivione es uno de ellos. Escrito por H. P. Lovecraft en los primeros años veinte, este brevísimo poema en prosa —apenas unas páginas, apenas un suspiro— pertenece a esa categoría de obras que resultan imposibles de medir por su extensión y solo pueden medirse por la huella que dejan: una inquietud suave, casi dulce, que permanece mucho después de que los ojos hayan abandonado la última línea.

Lovecraft es célebre, claro está, por sus criaturas abisales, por sus cosmogonías del terror, por ese universo frío e indiferente donde la humanidad no es más que un accidente insignificante. Pero quien se acerque a Ex oblivione buscando monstruos encontrará algo más desconcertante aún: encontrará belleza. Una belleza crepuscular, melancólica, construida con la misma precisión obsesiva con que el autor construía sus pesadillas, solo que aquí la pesadilla y el deseo se han fundido hasta volverse indistinguibles.

El título mismo lo anuncia en latín: desde el olvido. Y esa procedencia —el olvido como origen, como destino, como refugio— lo impregna todo. Lovecraft escribe aquí desde un lugar íntimo que rara vez mostraba: el agotamiento de quien ha mirado demasiado tiempo el mundo real y ha decidido buscar consuelo en los territorios sin nombre que habitan entre el sueño y la muerte. No es un texto de miedo. Es un texto de anhelo.

Pertenece al llamado Ciclo de los Sueños, ese conjunto de piezas en que Lovecraft exploró la ensoñación como geografía alternativa, como patria verdadera para quienes no terminan de encajar en la vigilia. Pero Ex oblivione va más lejos que sus compañeras de ciclo: es más desnudo, más confesional, más peligrosamente hermoso. Leerlo es asomarse a la intimidad de un hombre que encontraba en la literatura no entretenimiento, sino oxígeno.

La prosa de Lovecraft alcanza aquí una musicalidad extraña, hipnótica, que debe más a Poe y a Dunsany que a cualquier tradición del horror. Las frases se alargan y se curvan como ríos que no tienen prisa por llegar a ningún mar. El lector no avanza: flota. Y esa flotación es precisamente el efecto buscado, porque el texto habla de un narrador que aprende a flotar también, que aprende a dejarse llevar hacia una puerta que lleva mucho tiempo esperándole.

Lo que hace singular a esta pieza dentro de la obra lovecraftiana es su ambigüedad moral. No hay aquí advertencia ni castigo, no hay el horror cósmico que suele aguardar a quienes se aventuran más allá de los límites del conocimiento humano. O quizás sí lo hay, pero presentado de un modo tan sereno que resulta imposible distinguirlo de la liberación. Esa ambigüedad no es un defecto: es el corazón del texto, el misterio que lo mantiene vivo.

Un siglo después de haber sido escrito, Ex oblivione sigue siendo capaz de detener el tiempo durante los pocos minutos que dura su lectura. En un mundo saturado de ruido, de urgencia y de luz artificial, hay algo profundamente necesario en este pequeño texto que celebra —o tal vez solo contempla— la oscuridad quieta, el silencio sin fondo, la promesa de una puerta entreabierta al final de un sueño.

Léalo despacio. Léalo, si puede, de noche.

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Cada gran obra esconde gemas del pensamiento

Hay frases que atraviesan los siglos, revelan verdades profundas y muchas veces cambian vidas. Viven escondidas en las obras que han marcado la historia de la humanidad. Leer es minarlas: cuando encuentres una que de verdad lo sea, márcala; si es una gema, se publicará con tu nombre en la página del autor y del libro. También descubrirás las gemas que ha hallado la comunidad.

No toda frase es una gema: una gema se sostiene sola, dice algo profundo y resuena en cualquiera.

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