Introducción
El más teológico, poético y profundo de los cuatro evangelios canónicos, y uno de los textos más influyentes de toda la historia de la humanidad. El «Evangelio de Juan» presenta la vida, la enseñanza, la muerte y la resurrección de Jesús con una mirada distinta a la de los otros evangelios, marcada por la reflexión espiritual, los grandes discursos y la revelación de Jesús como el Verbo divino encarnado.
El cuarto evangelio, atribuido por la tradición al apóstol Juan, se distingue de los evangelios «sinópticos» (Mateo, Marcos, Lucas) por su carácter más contemplativo y teológico. Se abre con el sublime «Prólogo» —«En el principio era el Verbo»—, que identifica a Jesús con el Logos (la Palabra) divino, existente desde antes de la creación y encarnado en el mundo. A lo largo del evangelio, Juan selecciona una serie de «signos» (milagros) de Jesús y, sobre todo, largos discursos y diálogos en los que Jesús revela su identidad divina mediante las célebres declaraciones «Yo soy» (el pan de vida, la luz del mundo, el buen pastor, la resurrección y la vida, el camino, la verdad y la vida). El evangelio insiste en los temas de la luz frente a las tinieblas, la verdad, el amor y la vida eterna, y culmina en el relato de la pasión, muerte y resurrección de Cristo. Con su lenguaje simbólico, su hondura espiritual y su belleza, el Evangelio de Juan ha sido una fuente inagotable de meditación teológica, mística y artística a lo largo de los siglos.
Cumbre espiritual de los evangelios y texto capital de la cultura occidental, el «Evangelio de Juan» es una lectura profunda y luminosa. La revelación del Verbo, de dominio público.