Introducción
A las afueras de la aldea de Obruchánovo, un rico ingeniero construye un puente sobre el río y, seducido por el paisaje, levanta además una hermosa casa de campo que bautiza como «Quinta Nueva». Con él llegan su esposa, Elena Ivánovna —una mujer de origen humilde, enfermiza, de buen corazón y llena de buenas intenciones—, y su hijita. Los nuevos propietarios sueñan con vivir en paz y armonía con los campesinos, ayudarlos, construirles una escuela, arreglar los caminos.
Pero entre los señores y la aldea se abre un abismo de incomprensión. Empujados por la envidia, la desconfianza y la miseria —y azuzados por el rencoroso Kozov y los pendencieros Zichkov—, los campesinos responden a la buena voluntad con pequeñas rapiñas, daños y hostilidad: dejan que su ganado invada los jardines, roban leña y guarniciones, rechazan hasta la escuela. Elena Ivánovna les suplica que vivan como buenos vecinos y les recuerda que la riqueza no da la felicidad, que «no puede ser feliz el que no está en su puesto»; pero sus palabras caen en el vacío.
El malentendido crece hasta hacerse irreparable, y la familia acaba marchándose y vendiendo «Quinta Nueva». Lo compra entonces un funcionario altivo que ni siquiera devuelve el saludo a los campesinos… y con él conviven sin problemas. Chéjov cierra con una pregunta desoladora: ¿por qué gente buena por ambas partes no pudo entenderse y se separó como enemiga? «En el campo» (también conocida como «La quinta nueva») es una de sus obras maestras sobre la incomunicación entre las clases, la miseria y la imposibilidad del entendimiento.