Introducción
Dos amigos con ganas de diversión, Solórzano y Quiñones, deciden gastar una burla a una dama cortesana famosa por su codicia. El plan involucra una cadena de oro, un supuesto caballero vizcaíno y una buena dosis de ingenio. Con estos mimbres, Cervantes teje El vizcaíno fingido, un entremés de enredo urbano lleno de gracia.
La trampa está diseñada para jugar con la avaricia de la dama: la promesa de una ganancia fácil la empujará a bajar la guardia, y ahí es donde el engaño hace su trabajo. Como en tantas comedias del autor, la astucia se impone a la codicia, y quien pretende aprovecharse termina aprovechado.
Más allá del enredo, la pieza es una viva estampa de la vida ciudadana del Siglo de Oro. Cervantes aprovecha para deslizar comentarios sobre las modas del momento, sobre los coches —entonces una novedad ostentosa y muy criticada— y sobre las apariencias que gobernaban la vida social de la corte. La comedia se convierte así en un pequeño retrato de costumbres.
El tono es ligero y desenfadado, sin más pretensión que la de divertir con inteligencia. Pero, como siempre en Cervantes, detrás de la broma asoma una mirada irónica sobre el dinero, la vanidad y la facilidad con que las personas se dejan llevar por la codicia y las apariencias.
Es una lectura breve y amena, perfecta para disfrutar del Cervantes cómico y observador, ese que sabía convertir una travesura callejera en un espejo risueño de su sociedad.
Acompaña a Solórzano y Quiñones en su ingeniosa burla y comprueba cómo la avaricia rompe el saco. Una comedia deliciosa sobre el arte del engaño.