Introducción
Un zapatero abre su tienda frente al palacio imperial y descubre que los callejones se han llenado de nómadas del norte: acampan al aire libre, afilan espadas, se comunican «como grajos» y toman lo que necesitan sin que pueda llamarse del todo violencia. Nadie sabe cómo llegaron a la capital, tan lejos de la frontera. Simplemente están ahí, y cada mañana son más.
Lo escalofriante del relato es la normalidad con que se instala el desastre. El carnicero les entrega la carne para que no se les ocurra algo peor; los vecinos aportan dinero; el emperador, que nunca sale de su jardín más interior, aparece un instante en una ventana y mira, impotente, el tumulto ante su palacio. Y la conclusión cae como una losa: «se nos confía la salvación de la patria, pero no estamos a la altura de tal tarea… Es un malentendido, y estamos pereciendo por ello».
Escrita como un fragmento de crónica antigua, esta breve parábola de Kafka habla de la parálisis del poder, de la barbarie que no necesita batallas para vencer y de una comunidad que perece administrando su propia rendición.