Introducción
Un estudiante llora porque no tiene una rosa roja: sin ella, su amada no bailará con él. Un ruiseñor lo escucha y, creyendo hallar por fin «un verdadero amante», decide ayudarlo con el único medio posible, terrible: cantar toda la noche con el pecho apretado contra una espina, hasta que su sangre tiña de rojo una rosa blanca. «La muerte es un gran precio a pagar por una rosa roja», reflexiona; pero concluye que «el amor es más sabio que la filosofía», y se sacrifica.
Wilde construye una de sus fábulas más hermosas y amargas. Mientras el ruiseñor muere entregando su vida por un ideal, los humanos que lo rodean son incapaces de comprenderlo: el estudiante «sólo sabía las cosas escritas en libros»; la joven desdeña la rosa porque unas joyas «cuestan mucho más que flores»; y él, ofendido, arroja la flor a la cuneta —donde la aplasta una rueda de carreta— y decide volver a la metafísica, pues «en esta edad ser práctico lo es todo».
El contraste es el corazón del cuento: la entrega absoluta y silenciosa del pájaro frente a la mezquindad y el cálculo de los hombres. Una parábola sobre el sacrificio verdadero y la ingratitud de un mundo que ya no sabe reconocerlo.