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Portada de El rostro amarillo

Arthur Conan Doyle

El rostro amarillo

Uno de los relatos más conmovedores del canon de Sherlock Holmes, notable por ser uno de los poquísimos casos en que el detective se equivoca del todo, y por su mensaje de tolerancia adelantado a su tiempo. Grant Munro acude angustiado a Holmes: su esposa Effie se comporta de forma inexplicable, va a escondidas a una casita vecina donde un rostro rígido y amarillento lo observa tras la ventana. Holmes teoriza que el primer marido de Effie, creído muerto, ha reaparecido y la chantajea. Pero la verdad es otra: el rostro amarillo era una máscara que cubría a una niña, la hija que Effie tuvo con su primer esposo, un estadounidense negro ya fallecido, a la que había ocultado por miedo al rechazo. Al descubrirse todo, Grant Munro levanta a la niña, la besa y acoge a madre e hija. Y Holmes, humillado por su error, pide a Watson que le susurre «Norbury» cuando se vuelva demasiado confiado. Una joya sobre el amor, los prejuicios y la humildad.
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Portada de El rostro amarillo
El rostro amarillo
Arthur Conan Doyle

Introducción

Uno de los relatos más conmovedores y singulares del canon de Sherlock Holmes, notable por dos razones: es uno de los poquísimos casos en que el gran detective se equivoca por completo, y encierra un mensaje de tolerancia sorprendentemente adelantado a su tiempo. Grant Munro acude angustiado a Baker Street: su querida esposa Effie, siempre franca y cariñosa, se comporta desde hace poco de manera inexplicable. Ha ido a escondidas a una casita vecina donde, tras la ventana, un rostro rígido y amarillento de aspecto siniestro lo observa.

Effie ha pedido dinero a su marido sin explicación, sale de casa por la noche y niega haber estado en el lugar donde él la ha visto. Holmes, sopesando los indicios, elabora una teoría segura: el primer marido de Effie, al que creía muerto, ha reaparecido y la está chantajeando, oculto en aquella casa. Con esa convicción, los tres irrumpen en la vivienda.

Pero la verdad es muy distinta y profundamente humana. El rostro amarillo era una máscara que cubría a una niña: la hija que Effie tuvo con su primer esposo, un estadounidense negro ya fallecido. Effie, temiendo el rechazo, había dejado a la pequeña en América y luego la trajo en secreto a Inglaterra, ocultándola. Al descubrirse todo, Grant Munro, en un gesto que Watson «gusta de recordar», levanta a la niña, la besa y acoge a madre e hija: «no soy un hombre muy bueno, pero creo que soy mejor de lo que me has dado crédito». Y Holmes, humillado por su error, pide a Watson que le susurre «Norbury» al oído cada vez que se vuelva demasiado confiado. «El rostro amarillo» es una joya sobre el amor, los prejuicios y la humildad.

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