Introducción
Una desternillante sátira de Mark Twain contra la incompetencia burocrática y el culto al detective infalible. Un anciano de aire grave y sincero cuenta al narrador una historia extraordinaria: encargado de escoltar un elefante blanco sagrado —Hassan—, regalo diplomático del rey de Siam a la reina de Inglaterra, que hacía escala en Nueva Jersey, el animal desaparece misteriosamente una noche mientras estaba a su cuidado.
Desesperado, el narrador acude a la policía de Nueva York y pone el caso en manos del célebre inspector Blunt, «el detective más grande que el mundo haya producido». Y aquí empieza el festival del absurdo: Blunt exige una descripción minuciosísima del elefante, moviliza a miles de detectives por todo el país, publica pomposas circulares, ofrece recompensas colosales y persigue innumerables pistas descabelladas, mientras la investigación deja tras de sí un rastro de destrozos, gastos disparatados y titulares triunfales… sin encontrar al elefante.
La ironía final es demoledora: durante todo ese tiempo, el enorme animal yacía muerto en el sótano del propio cuartel general del detective, pudriéndose a pocos metros de la mesa de Blunt. El narrador queda arruinado —la aventura le cuesta una fortuna— y convertido en vagabundo; pero, con una candidez absurda, conserva intacta su admiración por el detective. «El robo del elefante blanco» es una comedia magistral sobre la vanidad de la autoridad y la fe ciega en las apariencias del método.