Introducción
Uno de los relatos más singulares y celebrados del canon de Sherlock Holmes, en el que el detective, contando él mismo la aventura a Watson, evoca uno de sus primeros casos, de cuando aún era un joven que empezaba a hacerse un nombre. Reginald Musgrave, un antiguo conocido de la universidad, acude a él con un misterio doméstico ocurrido en su mansión ancestral de Hurlstone: la desaparición de dos criados.
Todo gira en torno al «Ritual de los Musgrave», un enigmático catecismo que la familia recita de generación en generación desde hace siglos, aparentemente sin sentido —una serie de preguntas y respuestas sobre sombras, pasos y medidas—. El mayordomo Brunton, hombre astuto, fue sorprendido estudiando ese viejo documento y despedido; poco después desapareció sin dejar rastro, y con él la doncella Rachel Howells, a la que él había abandonado.
Holmes comprende que el Ritual no es una fórmula vacía, sino una guía cifrada, unas instrucciones para hallar algo oculto en la finca. Descifrando sus indicaciones —siguiendo la sombra de un olmo, contando pasos— llega a una cámara secreta bajo el suelo, donde encuentra el cadáver de Brunton: había resuelto el enigma, descendió a recoger el tesoro y quedó atrapado, muy probablemente por la venganza de la mujer despechada, que desapareció para siempre. Y el «tesoro» resulta ser una reliquia histórica: la antigua corona de los reyes de Inglaterra, escondida por un antepasado leal en tiempos de la guerra civil. «El ritual de los Musgrave» es una joya de la ficción detectivesca, entre el criptograma, el tesoro escondido y el crimen.