Introducción
Pocos cuentos han sabido meter al lector dentro del miedo como El pozo y el péndulo. No hay fantasmas ni monstruos: hay una celda a oscuras, un condenado por la Inquisición y una maquinaria de muerte diseñada para prolongar la agonía. Poe renuncia al horror sobrenatural para explorar algo más puro y más terrible: el terror físico y psicológico de quien espera, minuto a minuto, su propio fin.
El relato es una lección magistral de tensión. El prisionero explora a tientas su prisión, escapa por poco del pozo, ve descender el filo del péndulo sobre su cuerpo y, cuando logra librarse, los muros ardientes empiezan a cerrarse sobre él. Poe convierte la esperanza misma en un instrumento de tortura. Es un cuento que se lee con el aliento contenido y que demuestra, mejor que ninguno, que el miedo más intenso nace de la anticipación.