Introducción
Una fábula moral de los hermanos Grimm, con Dios como personaje, sobre la hospitalidad, la generosidad y la codicia. En tiempos en que «Dios Nuestro Señor andaba aún por la Tierra», le sorprende la noche y busca albergue entre dos casas enfrentadas: la grande y hermosa de un rico, y la pequeña y pobre de un humilde. Llama primero a la del rico, que, viéndolo mal vestido, lo despide con desprecio: sus habitaciones están «llenas de plantas y semillas». El pobre, en cambio, lo acoge de inmediato, y él y su mujer le ceden su propia cama y lo agasajan con lo poco que tienen —patatas y leche de cabra— de buen grado.
Al partir, agradecido, Dios concede al pobre tres deseos. Este pide lo esencial: la salvación eterna, salud y pan mientras vivan; y, animado, una casa nueva. Dios transforma la choza en una hermosa casa de tejas rojas y se marcha bendiciéndolos. Cuando el rico descubre el prodigio, se arranca los pelos de rabia y corre a caballo tras Dios para pedir también sus tres deseos, que le son concedidos pese a la advertencia de que «sería por su mal».
Pero la avaricia y el mal humor lo pierden: enfurecido con su caballo, desea que se rompa el pescuezo, y el animal cae muerto; cargando la silla al hombro bajo el sol, y celoso de su mujer que descansa en casa, desea que ella quede pegada a la silla; y ha de gastar el tercer y último deseo en liberarla. Así, no saca «más que malos humores, fatigas, insultos y un caballo perdido», mientras los pobres «vivieron contentos y tranquilos hasta su fin». «El pobre y el rico» es una fábula clara y sabrosa sobre la generosidad recompensada y la codicia castigada.